Declaración final sobre reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos

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Reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos

Casina Pío IV, 11 y 12 de noviembre de 2019

 

1. Motivación de la conferencia. En su Encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco hace un llamado a concretar cambios a nivel mundial con el objeto de derribar la «cultura del desperdicio». Claro ejemplo de esta cultura es el fenómeno de la pérdida y el desperdicio de alimentos (en adelante, PDA)[1], que reviste graves repercusiones morales, pues son más de 820 millones las personas que viven víctimas del hambre, y 2000 millones las que carecen de acceso a una dieta saludable (según el informe SOFI, sobre inseguridad alimentaria, publicado por la FAO en 2019). Los recursos tales como el agua y la tierra fértil se están haciendo más escasos, y esto es porque hay alimentos que se producen pero nunca se consumen.

El problema de la PDA contribuye muchísimo a las emisiones de gases de efecto invernadero (Informe SOFA de la FAO, sobre agricultura y alimentación), y por consiguiente, al cambio climático y sus efectos. Es nocivo para el planeta y sus habitantes, y es moral, económica y ambientalmente inaceptable en la era de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Instamos a nuestros líderes, y a cada uno de nosotros como seres humanos, a profundizar nuestro compromiso con la acción en pro de la meta 12.3 de estos Objetivos. Significa que de aquí a 2030, se deberá reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores, y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha. Se trata de una meta viable si pensamos en los conocimientos y la tecnología existentes. Sin embargo, aunque es un desafío a la medida de nuestras capacidades, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos exige más atención e inversiones.

Para concretar la meta 12.3 de los ODS, hace falta una nueva perspectiva sobre cómo reducir el uso de los recursos y aumentar la eficiencia de la producción, la conservación, el procesamiento y la distribución de los alimentos a nivel del productor, el intermediario, el elaborador, y el mayorista (de modo de evitar pérdidas dentro de la cadena de valor). Y también es preciso combatir nuestra «cultura del desperdicio». A tal fin, son fundamentales la educación, la concientización y los cambios de conducta entre consumidores y minoristas. Es así como nuestra conferencia hace un llamado a un nuevo diálogo global en los más altos estamentos del gobierno, del ámbito empresarial, de las comunidades religiosas y de la sociedad civil, de modo de alcanzar la meta de reducir la PDA a la mitad llegado el 2030.

2. Objetivos de la conferencia. La conferencia tomó nota de los informes más recientes sobre los problemas de la PDA: tal es el caso del Informe sobre el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación (2019), a cargo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y el documento, también publicado en 2019, Reducing Food Loss and Waste: Setting a Global Action Agenda (sobre la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, con foco en crear una agenda para la acción global), a cargo del World Resource Institute (WRI) y una coalición de entidades asociadas. Los hallazgos de estos informes, entre otros, sientan las bases para la acción. Los tres principales objetivos de la conferencia fueron los siguientes:

1.            Compartir la evidencia científica más reciente sobre cómo reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos y así contribuir a un sistema alimentario mundial más sostenible e inclusivo;

2.            Aportar recomendaciones para plasmar medidas a mayor escala a nivel nacional y global, como por ejemplo inversiones público-privadas e iniciativas dirigidas a la ciudadanía, el sector privado, los gobiernos y las organizaciones multilaterales; y

3.            Ampliar la alianza de actores a fin de aportar mejoras más significativas a la reducción de la PDA.

3. Abordar el problema de la PDA desde una perspectiva local, sin dejar de explorar soluciones a nivel global. Las deficiencias en materia de calidad y cantidad de los datos enmascaran la diversidad del problema de la pérdida y el desperdicio de alimentos, pues este varía mucho según la región y la cadena de valor. Mientras que en las economías emergentes y de bajos ingresos se pierde un elevado porcentaje de alimentos en las etapas de producción, manipulación y procesamiento, en los países de mayores ingresos se registra un desperdicio alimentario en las fases de venta minorista y consumo, debido al diseño de los mercados y el comportamiento de los consumidores. Y así y todo, los modelos de diseño de mercado y de desperdicio alimentario están arraigándose cada vez más en los países de ingresos bajos y medios, como resultado del auge y la creciente urbanización de la clase media. Las soluciones están al alcance de todos los países, independientemente de su nivel de ingresos, pero tendrán que ser adaptadas a cada contexto, debiéndose diferenciar, cuando de alimentos se trata, la pérdida del desperdicio, que son conceptos vinculados aunque diferentes. Entre las causas del desperdicio de alimentos están la falta de infraestructura y normativa adecuadas, la búsqueda del rédito, la negligencia, la falta de tiempo y la abundancia económica a nivel del consumidor. La pérdida de alimentos, por otra parte, ocurre debido a condiciones climáticas desfavorables, a una mala manipulación post-cosecha, a estructuras de incentivos que hacen que perder productos alimentarios sea una opción económica racionalmente viable, y a la falta de información, educación, tecnología, infraestructura, financiamiento asequible y acceso a mercados. El desafío de la PDA reviste implicancias en materia de equidad social y de género. En todos los países —no solo los de bajos ingresos— la producción alimentaria es responsable de un alto porcentaje de mano de obra femenina no paga y de trabajadores precarizados, tales como los trabajadores migrantes. Es la forma de producir alimentos a bajo costo, que justamente por su escaso valor pueden ser desperdiciados por quienes los consumen. Asimismo deberían revisarse y monitorearse todas las etapas de las cadenas de suministro, a fin de prevenir el trabajo forzoso y otras formas contemporáneas de esclavitud (en concordancia con lo que reza la meta 8.7 de los ODS).

Las cadenas de valor de alimentos perecederos y ricos en nutrientes (es decir, los de origen animal y vegetal con alto contenido proteico) están entre las más afectadas. Para acceder a modelos dietarios más saludables y nutritivos, es clave el buen manejo y la adecuada conservación de estos productos, además de la garantía de su inocuidad, tal como se mencionó en la Conferencia sobre inocuidad de los alimentos y dietas saludables celebrada en 2018 por la Pontificia Academia de las Ciencias y la Alianza Global para Mejorar la Nutrición (GAIN, por sus siglas en inglés).

La problemática de la PDA reclama nuestra atención, al igual que toda instancia de desperdicio dentro de las cadenas de suministro, desde la etapa de procesamiento hasta la de transporte, envasado (p. ej., el uso de material plástico) y consumo de energía. Son cuestiones que conceptos como el de economía circular y bioeconomía están intentando abordar en forma sistémica. Debe apuntarse a la prevención y no solo a la reducción, y las soluciones que se propongan deberían prestar más atención a los posibles impactos a nivel de asequibilidad de los alimentos y acceso a ellos.

4. Fortalecer los datos y la información. Medir y monitorear los avances logrados contra una serie de bases de cotejo es algo posible y viable para inversores y empresas solamente cuando los datos que se recolectan y difunden son cabales. A la hora de considerar la magnitud del desafío que plantea la PDA, la mera sumatoria del tonelaje de los diferentes alimentos no capta en forma adecuada los aspectos dietarios, ambientales y económicos del problema. Debemos dejar atrás las mediciones basadas en el peso, y comenzar a evaluar los costos económicos, ambientales, institucionales, sanitarios y humanos de la pérdida y el desperdicio alimentarios. Se están identificando cada vez mejor los focos críticos de pérdida de alimentos dentro de las cadenas de valor, así como los efectos en términos de deficiencias de calidad, costos económicos y emisiones nocivas (Informe SOFA de la FAO, 2019).

Si bien reducir la PDA reviste enormes beneficios, no puede ignorarse el costo que implica la acción concreta, por lo que hay que apuntar a soluciones efectivas y eficientes. En este sentido, puede ser útil contar con un abordaje exhaustivo que compare el costo de la acción con el de la inacción.

Deben redoblarse los esfuerzos por reunir y analizar datos, no solo con miras a rendir cuentas, sino también para identificar las causas de la PDA e impulsar la toma de decisiones por parte de todos los actores de las cadenas de valor. Instamos a los organismos a cargo de estas métricas y análisis a que multipliquen sus esfuerzos en estas áreas, y alentamos a los donantes a aumentar su apoyo financiero, y al sector privado a rendir cuentas de forma voluntaria. La conferencia exploró propuestas de medición de datos desde las perspectivas económica, nutricional y de calidad, e hizo un llamado a instalar una cobertura más amplia de los datos en cada país, y a dar cuenta de los avances realizados de cara al 2030.

5. Realizar tareas de investigación en ciencia, tecnología y actividades de extensión. Hemos tomado nota de los avances en materia de investigación, ciencia y tecnología destinados a abordar el reto de la PDA. A este fin, las iniciativas de investigación a cargo de la FAO, el WRI, el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), el PNUMA, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la alianza inter-académica InterAcademy Partnership, así como las emprendidas por las universidades y otras entidades, resaltan las oportunidades y los desafíos de la investigación en alimentos, seguridad nutricional y producción alimentaria sostenible, y sugieren prioridades para la investigación en ciencias naturales y sociales, y en tecnología alimentaria y post-cosecha.

Es necesario fomentar una estrecha cooperación entre las comunidades de investigación y las diferentes partes interesadas del sistema alimentario, a fin de avanzar hacia una reducción de la PDA basada en la evidencia: esto incluye un análisis del mercado alimentario para tomar dimensión del potencial de las soluciones e innovaciones, y de su viabilidad. Hace falta una mayor compresión de lo que esta problemática implica para las personas y el planeta, y de lo que es preciso para avanzar hacia un futuro más sostenible. Como el desperdicio es, en parte, de índole comportamental, hay que también poner más atención en la investigación de la PDA desde este ángulo.

Las causas de la pérdida y el desperdicio de alimentos desde la perspectiva del sistema alimentario han de ser investigadas exhaustivamente, a fin de evitar intervenciones en compartimientos estancos y su resultante pérdida de eficacia, y para señalar sus implicancias regulatorias en el corto y el largo plazo. Las principales lagunas de conocimiento, así como la agenda para la investigación, han sido descritas en varias publicaciones recientes: tal el caso del informe de la InterAcademy Partnership Opportunities for future research and innovations on food and nutrition security and agriculture («Oportunidades para la investigación y la innovación en seguridad alimentaria y nutricional, y agricultura», 2018).

En particular, hemos notado la urgente necesidad de actuar en África Subsahariana, en el Centro y el Sudeste Asiático, y en otras regiones en desarrollo afectadas por la elevada incidencia de la inseguridad alimentaria y la pérdida de alimentos.

Para ser efectivas, las potenciales alianzas deberán reflejar un abordaje sistémico de la PDA, e incorporar innovaciones en ciencia y tecnología, y en el control de los productos alimenticios que circulan por el sistema. Los servicios de extensión tienen un rol que desempeñar en materia de divulgación, y las universidades deberían incorporar la pérdida y el desperdicio de alimentos en sus programas de estudio. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la ciencia de datos han demostrado tener efectos revolucionarios en este aspecto. Esta conferencia también insta a la comunidad de investigadores a que comunique, coordine y colabore, y a los gobiernos, las empresas y las fundaciones a que inviertan en nuevos recursos para financiar proyectos de investigación destinados a combatir la PDA.

6. Actuar a nivel de la sociedad civil. La sociedad civil está pasando a la acción en relación a aspectos vinculados a la PDA. Son muchos los grupos a nivel mundial que lideran campañas y divulgan información y buenas prácticas, concientizando a los consumidores de todos los grupos etarios y a los jóvenes en particular, y proponiendo modelos de consumo más sostenibles. Los consumidores están tomando conciencia de su huella ambiental cuando eligen los alimentos que compran, los tamaños de las porciones, los materiales de envasado, y las distancias que recorren esos productos hasta llegar a sus manos. Otros grupos, como Food Banks, han desarrollado modelos para recolectar, reutilizar y redistribuir alimentos en contextos urbanos.

Instamos a las redes tanto nacionales como regionales a que inviertan redoblados esfuerzos a nivel comunitario, con el objeto de forjar una red mundial. Las iniciativas lideradas por una consciente juventud necesitan servirse, entre otras cosas, de las perspectivas de consumidores y productores comprometidos con la sostenibilidad del planeta y de la especie humana.

La educación, a través de, por ejemplo, las experiencias exitosas compartidas, puede ayudar a los países a identificar soluciones a problemas clave, pero adaptadas a circunstancias específicas. A este fin los kits de herramientas multilingües podrían ser útiles para las organizaciones de la sociedad civil. Además de replicarse a un nivel más global, el diálogo en materia de PDA debe reforzar las normas sociales positivas y contar con el compromiso de influencers y referentes éticos.

7. Acción desde las comunidades religiosas. Nuestra conferencia fue única pues reunió a las comunidades dedicadas a las ciencias y a la elaboración de políticas con las ONG y los colectivos éticos y religiosos. Como dijo el Papa Francisco, «luchar contra el terrible flagelo del hambre significa luchar contra el desperdicio. Desperdiciar comida es manifestar indiferencia hacia las cosas y hacia los que no tienen. El desperdicio es la forma más cruda del descarte. Pienso en el momento en que Jesús, después de repartir los panes y los peces a la multitud, pide a sus discípulos que recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada (cf. Jn 6:12). Reunir para repartir, en vez de producir para desperdiciar. Desechar comida significa desechar personas. Es escandaloso ver cómo, hoy día, no se valora lo precioso que es el alimento como bien, y cuánto de ese bien termina tan mal.» (2019).

Instamos a las comunidades religiosas, no solo a que se sumen al accionar destinado a modificar conductas para reducir el desperdicio y a las iniciativas de inversión para reducir la pérdida de alimentos, sino también a que lideren tales iniciativas. Tanto la pérdida como el desperdicio son cuestiones morales que causan daños más allá de lo puramente económico y ambiental. Las comunidades de fe deberían iniciar un diálogo sobre la acción conjunta con miras a apoyar e impulsar la lucha contra la PDA y aliarse en ese afán. Llamamos a las personas de fe de todas las religiones a que, a través de la oración y lo expresado por sus líderes y comunidades, boguen por un cambio sostenido, con el objeto de alcanzar la meta 12.3 de los ODS: reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos a la mitad llegado 2030.

8. Acción a nivel gubernamental. En todos los niveles de gobierno es preciso establecer metas explícitas, ambiciosas y realistas de reducción de la PDA. El Estado debe, además, medir la dimensión y la evolución del fenómeno, e implementar estrategias eficaces y económicamente eficientes para combatirlo. Algunos países han invertido en el desarrollo de planes y medidas con este fin. Sin embargo, al momento no han logrado producir un impacto global y una acción conjunta suficientes.

Es preciso dar prioridad a las inversiones en infraestructura crítica dentro de las cadenas de valor de los países de ingresos bajos y medios, de modo de permitir su coordinación vertical y su modernización. La necesidad de inversión se pone de particular relieve cuando cambian los modelos nutricionales y crece la demanda de canastas de alimentos más diversas y nutritivas, en particular en las zonas urbanas. Tomamos nota de las innovadoras soluciones destinadas a financiar tales programas de gobierno. Un ejemplo es el de los bonos ODS con foco en la meta 12.3, lanzados por el Banco Mundial. Por otro lado, las soluciones de financiamiento tales como los fondos de inversión para reducir la pérdida y el desperdicio podrían facilitar el avance en este ámbito.

Asimismo, el Estado debería bogar por instalar estructuras de incentivos (tales como medidas regulatorias, estrategias de reducción de precios, y estándares), de modo de alentar a los productores agrícolas y a otros actores de las cadenas de suministro, y a los minoristas y los consumidores, a que adopten prácticas para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Asimismo, hay dos cuestiones que requieren la atención del Estado a un nivel macro: inclinarse hacia un comercio desregulado podría acelerar la pérdida y el desperdicio de alimentos. Puesto que este flagelo representa un porcentaje significativo de las emisiones de gases de efecto invernadero, la problemática debería figurar en la agenda de las negociaciones para combatir el cambio climático, y formar parte de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés).

9. Argumento de negocios y accionar empresarial. El argumento de negocios a favor de combatir la pérdida y el desperdicio de alimentos pareciera existir, pero precisa ser claramente demostrado. El apoyo público es necesario como punto de partida para implementar iniciativas a escala y producir beneficios a nivel social. Un ejemplo es apelar a los pequeños productores. Como las empresas de alimentos quieren generar valor, pueden ser punta de lanza a la hora de desarrollar modelos más inclusivos, buscando sumar a los pequeños productores a su base de proveedores. La instauración de soluciones de negocio que generen valor compartido y midan el avance hacia metas tangibles va a dar lugar a líneas de productos más sostenibles. Sin embargo, para convencer a sus clientes, las empresas deberán garantizar la transparencia de su accionar y sus resultados en torno a sus metas de lucha contra la PDA.

Es imperioso ser creativos. Por ejemplo, la lucha contra la PDA puede jugar un rol muy importante en las start-ups de innovación que suelen atraer al sector financiero. Los esfuerzos voluntarios a cargo del sector empresarial han de ser efectivos siempre que se garantice la transparencia de los resultados. Los enfoques basados en el mercado pueden ayudar, pero es fundamental prestar atención a los impactos que podrían sufrir las poblaciones de bajos ingresos, así como los efectos indirectos sobre el medioambiente. Un abordaje práctico sería servirse de una serie de métricas simples como punto de partida para fijar metas y hacer un seguimiento, empresa por empresa, que incluya a sus proveedores de insumos y sus empleados.

Un enfoque de valores compartidos puede ser muy útil en los contextos en que la problemática de la PDA se incluya en el monitoreo corporativo, las auditorías y la rendición de cuentas ante los accionistas. Asimismo los productores agrícolas y las organizaciones que los nuclean, además de las PYMES, pueden jugar un rol clave, concientizando sobre los beneficios de reducir la pérdida y el desperdicio. Donde sea posible, pueden también diseñar respuestas colaborativas (p. ej., cooperativas que incorporen mejoras a su cadena de frío, y otras optimizaciones de la cadena de valor).

10. Accionar conjunto, liderazgo y gobernanza. Esta conferencia reunió a representantes de todos los grupos de actores claves. Las áreas de acción específicas a cada uno ya fueron delineadas en los puntos anteriores. No obstante, abordar este desafío exige un accionar más colectivo. Instamos a los sectores público y privado a que unan sus esfuerzos a nivel global, regional y nacional, sumando la participación de las comunidades religiosas, la sociedad civil y los consumidores. Este accionar conjunto se identificó en el seno de nuestra conferencia, e incluye lo siguiente:

1.       Para reducir la PDA, las alianzas de actores deben contar con estrategias claras (p. ej., entre productores, comerciantes y empresas, y entre organismos de financiamiento).

2.       Los compromisos gubernamentales para medir y divulgar métricas de PDA son esenciales para la acción conjunta. A este fin, debe recabarse información en torno a los sub-indicadores 12.3.1.a (sobre pérdidas de alimentos) y 12.3.1.b (sobre desperdicio).

3.       Las innovaciones institucionales y los sistemas de incentivos son fundamentales para forjar alianzas contra la PDA amplias, estables y bien financiadas.

4.       Los ejemplos de la acción conjunta deben evaluarse sistemáticamente para determinar su efectividad. Estos ejemplos pueden servir como base para la argumentación desde lo empírico.

5.       Mientras aumenten y estén bien alineadas y coordinadas, y sea cabal la información divulgada sobre sus utilidades, las inversiones van a ser cada vez más y mayores.

6.       Las iniciativas de acción conjunta y complementaria entre la sociedad civil y el sector empresarial pueden ser beneficiosas para todas las partes si se fundan en el respeto mutuo y las metas bien definidas.

7.       La acción conjunta contra la PDA debe también abordar la inocuidad de los alimentos, de modo de garantizar un manejo, almacenaje y preparación acordes a las más estrictas normas de salud y protección del consumidor. Es más, deberían verificarse las cadenas de suministro a fin de prevenir el trabajo forzoso y otras formas modernas de esclavitud.

8.       Deben promoverse vías hacia un plan de acción global y hacia compromisos fundamentales que aborden las lagunas de conocimiento y de investigación que impiden la concreción de la meta 12.3 de los ODS.

9.       Nuestra conferencia, en el mejor de los casos, no es más que un catalizador de ideas: hace falta mucho más. Debería pensarse en organizar una conferencia con foco en la pérdida y el desperdicio de alimentos, y la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, planificada para 2021 y liderada por la FAO junto al Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y otros organismos, al igual que otras reuniones internacionales de alto nivel, debería incluir un fuerte énfasis en la reducción de la PDA. Toda acción destinada a concretar la meta 12.3 de los ODS requiere un mecanismo facilitador avalado por la ONU, los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado.

10.    Aspiramos a contar con esfuerzos de comunicación coordinados para dar más presencia a la problemática de la PDA en los medios, y para movilizar a la sociedad civil y a las comunidades religiosas para que incorporen las iniciativas de reducción de este flagelo como parte integral de un sistema alimentario inclusivo y sostenible.

[1] N. de la T.: En inglés, el concepto de «pérdida y desperdicio de alimentos» se ha abreviado con la sigla FLAW («food loss and waste»), que además es un palabra que significa «falla» o «defecto» en ese idioma.

 

Firmatarios:

  • Joachim von Braun, President of the Pontifical Academy of Sciences
  • Marcelo Sánchez Sorondo, Bishop Chancellor of the Pontifical Academy of Sciences
  • Msgr. Dario E. Viganò, Vice-Chancellor of the Pontifical Academy of Sciences
  • Roy Steiner, Senior Vice President, The Rockefeller Foundation
  • Dongyu Qu, Director General, Food and Agriculture Organization of the United Nations
  • Máximo Torero, Assistant Director General, Economic and Social Development Department, Food and Agriculture Organization of the United Nations
  • Rafael Flor, Senior Program Officer, Agricultural Development, The Bill & Melinda Gates Foundation
  • Jane Ambuko, Postharvest Project, University of Nairobi
  • Vytenis Andriukaitis, Commissioner, European Commission
  • Marta Antonelli, Barilla Foundation
  • Vanderlei Bagnato, PAS Academician, University of Sao Paulo
  • Javiera Charad, Nestlé
  • Jacobine Das Gupta, Director Sustainability of DSM
  • Oby Ezekwesili, Public Policy Analyst / Senior Economic Advisor, AEDPI
  • Sara Farley, Managing Director, Food Initiative, The Rockefeller Foundation
  • Kevin Fay, Executive Director, Global Food Cold Chain Council
  • Hans-Joachim Fuchtel, Parliamentary State Secretary, Ministry of Food and Agriculture, Federal Republic of Germany
  • Nicolas Gerber, Senior Researcher, Center for Development Research, University of Bonn
  • Mickey Gjerris, Professor, University of Copenhagen
  • Padmanaban Gopalan, Founder of No Food Waste
  • Marcus Gover, CEO of WRAP
  • Santiago Guglielmetti, WINIM App, Argentina
  • Ashok Gulati, Professor for Agricultural Policy, ICRIER, Member of Central Bank Board India
  • Craig Hanson, Vice President of Food/Forests/Water/Oceans, WRI
  • Selina Juul, Stop Wasting Food
  • Yolanda Kakabadse, Former President, WWF International
  • Betty Kibaara, Director, Food Initiative, The Rockefeller Foundation
  • Martin Kopp, Director, Living the Change, GreenFaith
  • Lucyna Kurtyka, Senior Scientific Program Director, Foundation for Food and Agriculture Research
  • Steven Lapidge, CEO of Fight Food Waste Cooperative Research Centre, Australia
  • Dirk E. Maier, Professor & Director, Consortium for Innovation in Post-Harvest Loss and Food Waste Reduction, Iowa State University
  • Mathias Mogge, Secretary General, Welthungerhilfe
  • Saul Morris, Director of Program Service, Global Alliance for Improved Nutrition (GAIN)
  • Clementine O’Connor, Programme Officer, Sustainable Food Systems, UN Environment Programme
  • Linus Opara, DST-NRF South African Research Chair in Postharvest Technology, Stellenbosch University
  • Ludovica Principato, Senior Researcher and Scientific Communication Coordinator, Barilla Foundation
  • Kenneth M. Quinn, President, The World Food Prize Foundation
  • Stefan Schmitz, German Federal Ministry for Economic Cooperation and Development 
  • Philippe Schuler, Too good to go
  • Steve Sonka, University Illinois, Consortium in Post-Harvest Loss and Food Waste Reduction
  • Toine Timmermans, Wageningen University
  • Ben Valk, Global Head Multilateral Development Banks and Government Relations, Rabobank
  • Rob Vos, Division Director, IFPRI

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